viernes, 16 de enero de 2015

SEXTA MOTIVACION; "LIBÉRESE DE UNA MENTE LLENA DE EXCUSAS"

Libérese de una mente
llena de excusas    

   Se cuenta que en una oportunidad  un ladrón  entró en  un redil de ovejas y sin que nadie lo viese, tomó una y se la llevó montándola en su espalda. Cuando salía del redil salió el pastor apuntándolo con una escopeta y le dijo: “suélteme la oveja y devuélvamela”, a lo que  el ladrón le contestó “cuál oveja señor”, “esa que lleva en la espalda” contestó el pastor. Sin titubeo y con una frialdad el ladrón le respondió: “perdóneme pero ni cuenta me di cuando se montó allí” .  Indudablemente una mente generadora de excusas  llevará al hombre a una costumbre de buscar caminos llenos de mentiras y de esa manera hundirse más en una vida de mediocridad y de poco progreso. Sólo aquel que reconoce los errores que ha cometido podrá dar oportunidad a que vengan nuevas enseñanzas a  su vida y así ir acumulando una experiencia de madurez que lo podrá elevar a una posición  inigualable. ¡Decídase hoy mismo a eliminar de su vida las excusas  y reconozca cuando se ha equivocado, sólo así seguirá aprendiendo en la vida!.

   Alguien dijo por allí  que “cuando se inventaron las excusas todo el mundo quedó bien”. Y eso es una gran verdad para aquellos que nunca reconocen sus propios errores o aquellos que buscan un argumento o un  “chivo expiatorio” en quien desplazar sus propias  culpas.

   Lo de excusarse, a diferencia de justificarse con valides, es algo prácticamente muy antiguo.  Si nos vamos al comienzo de la humanidad, allá en el huerto del edén, conseguimos que Adán y Eva después de pecar, la usaron como una herramienta contra su Creador. Ya Dios le había dicho a la primera pareja que todo el huerto les pertenecía y que el único impedimento que tendrían era no comer del fruto (que la Biblia no dice que  era manzana) de la ciencia del bien y del mal:

“Y mandó Jehová al hombre, diciendo: de todo árbol del
huerto podrás comer; más el árbol de la ciencia del
bien y del mal no comerás; porque el día  que de
  él comieres, ciertamente
morirás (espiritualmente)”
Génesis 2:16,17

  Tanto Adán como Eva ya sabían de que abstenerse  en el huerto. Sin embargo, por allí andaba  la serpiente astuta (Satanás) que los engañó y los hizo caer en desobediencia hacia Dios al comer del fruto prohibido. Cuando Dios, que por supuesto ya sabía  el pecado que se había cometido, se presentó en el huerto,  note lo que sucedió:

“Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿dónde estás tú?
Y él respondió. Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque
estaba desnudo; y me escondí. Y  Dios  le dijo:
¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿has comido
 del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el
 hombre respondió:  La mujer que me diste
por compañera me dio del
 árbol, y yo comí”
Génesis 3: 9-12

   Adán estaba totalmente descubierto ante  los ojos de su Creador  del pecado que había cometido. Dios le hace esa serie de preguntas para ver el grado de responsabilidad que tendría en su  falta cometida. Ahora, ¿qué buscó Adán para tratar de escurrirse y salir del aprieto donde estaba metido? La excusa, es decir, desplazar, en este caso, sobre otra persona su culpa. Él le dijo a Dios La mujer que me diste de compañera me dio del árbol y yo comí” En otras palabras; yo no tengo la culpa de lo que ha sucedido, toda la culpa es de la mujer que me diste.  Esta respuesta de Adán me suena muy similar a las palabras que mucha gente, con una mente llena de excusas,  confiesa hoy en día. Usted los oye decir. “Es por culpa de este país donde vivo que yo no soy un hombre o una mujer de éxito”, o aquella: “Si hubiese tenido otros padres, seguro que sería una persona con otro estilo de vida”. Las personas de este tipo de mentalidad, no reconocen lo que han dejado de hacer para remontarse a una vida diferente, lo que cuenta para ellas  es a quién le desplazo la culpa.


  Siguiendo con la historia de Adán, no todo terminó allí, pues  Dios fue en busca de la mujer para también confrontarla por lo que había hecho.

“Entonces Jehová Dios le dijo a la mujer: ¿Qué es lo que
has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente
 me engañó, y comí”
Génesis 3:13

   Eva aprendió rápido de su esposo Adán para excusarse, ella no se quedaría  sola para recibir la exhortación de Dios, debía  buscar a alguien en quien desplazar también su culpa. ¿A quién consiguió? A la serpiente.

    ¡Que difícil es para aquel que tiene la enfermedad de la excusitis reconocer sus propios errores!. Y déjeme decirle algo, este tipo de gente nunca experimentarán una vida excelente, al menos que humildemente puedan reconocer que es  por culpa  de ellos mismos el no experimentar cosas grandes. ¡Hay que reconocer nuestros propios errores y faltas para poder subir  nuevos peldaños en la escalera del éxito!

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