Libérese de una mente
llena de excusas
Se cuenta que en una oportunidad
un ladrón entró en un redil de ovejas y sin que nadie lo viese,
tomó una y se la llevó montándola en su espalda. Cuando salía del redil salió
el pastor apuntándolo con una escopeta y le dijo: “suélteme la oveja y
devuélvamela”, a lo que el ladrón le
contestó “cuál oveja señor”, “esa que lleva en la espalda”
contestó el pastor. Sin titubeo y con una frialdad el ladrón le respondió: “perdóneme
pero ni cuenta me di cuando se montó allí” . Indudablemente una mente generadora de
excusas llevará al hombre a una
costumbre de buscar caminos llenos de mentiras y de esa manera hundirse más en
una vida de mediocridad y de poco progreso. Sólo aquel que reconoce los errores
que ha cometido podrá dar oportunidad a que vengan nuevas enseñanzas a su vida y así ir acumulando una experiencia
de madurez que lo podrá elevar a una posición
inigualable. ¡Decídase hoy mismo a eliminar de su vida las
excusas y reconozca cuando se ha
equivocado, sólo así seguirá aprendiendo en la vida!.
Alguien dijo por allí que “cuando se inventaron las excusas todo
el mundo quedó bien”. Y eso es una gran verdad para aquellos que nunca
reconocen sus propios errores o aquellos que buscan un argumento o un “chivo expiatorio” en quien desplazar sus
propias culpas.
Lo de
excusarse, a diferencia de justificarse con valides, es algo prácticamente muy
antiguo. Si nos vamos al comienzo de la
humanidad, allá en el huerto del edén, conseguimos que Adán y Eva después de
pecar, la usaron como una herramienta contra su Creador. Ya Dios le había dicho
a la primera pareja que todo el huerto les pertenecía y que el único
impedimento que tendrían era no comer del fruto (que la Biblia no dice que era manzana) de la ciencia del bien y del
mal:
“Y mandó Jehová al hombre, diciendo: de todo árbol del
huerto podrás comer; más el árbol de la ciencia del
bien y del mal no comerás; porque el día que de
él comieres,
ciertamente
morirás (espiritualmente)”
Génesis 2:16,17
Tanto Adán como Eva ya sabían de que abstenerse en el huerto. Sin embargo, por allí
andaba la serpiente astuta (Satanás) que
los engañó y los hizo caer en desobediencia hacia Dios al comer del fruto
prohibido. Cuando Dios, que por supuesto ya sabía el pecado que se había cometido, se presentó
en el huerto, note lo que sucedió:
“Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿dónde
estás tú?
Y él respondió. Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo,
porque
estaba desnudo; y me escondí. Y Dios
le dijo:
¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿has comido
del árbol de
que yo te mandé no comieses? Y el
hombre
respondió: La mujer que me diste
por compañera me dio del
árbol, y yo
comí”
Génesis 3: 9-12
Adán estaba totalmente descubierto ante
los ojos de su Creador del pecado
que había cometido. Dios le hace esa serie de preguntas para ver el grado de
responsabilidad que tendría en su falta
cometida. Ahora, ¿qué buscó Adán para tratar de escurrirse y salir del aprieto
donde estaba metido? La excusa, es decir, desplazar, en este caso, sobre otra
persona su culpa. Él le dijo a Dios “La mujer que me diste de compañera me dio del árbol y
yo comí” En otras palabras; yo
no tengo la culpa de lo que ha sucedido, toda la culpa es de la mujer que me
diste. Esta respuesta de Adán me suena
muy similar a las palabras que mucha gente, con una mente llena de excusas, confiesa hoy en día. Usted los oye decir. “Es
por culpa de este país donde vivo que yo no soy un hombre o una mujer de
éxito”, o aquella: “Si hubiese tenido otros padres, seguro que sería una
persona con otro estilo de vida”. Las personas de este tipo de mentalidad,
no reconocen lo que han dejado de hacer para remontarse a una vida diferente,
lo que cuenta para ellas es a quién le
desplazo la culpa.
Siguiendo con la historia de Adán, no todo terminó allí, pues Dios fue en busca de la mujer para también
confrontarla por lo que había hecho.
“Entonces Jehová Dios le dijo a la mujer: ¿Qué es lo
que
has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente
me engañó, y
comí”
Génesis 3:13
Eva aprendió rápido de su esposo Adán para excusarse, ella no se
quedaría sola para recibir la
exhortación de Dios, debía buscar a
alguien en quien desplazar también su culpa. ¿A quién consiguió? A la
serpiente.
¡Que difícil es para aquel que tiene la enfermedad de la excusitis
reconocer sus propios errores!. Y déjeme decirle algo, este tipo de
gente nunca experimentarán una vida excelente, al menos que humildemente puedan
reconocer que es por culpa de ellos mismos el no experimentar cosas
grandes. ¡Hay que reconocer nuestros propios errores y faltas para poder
subir nuevos peldaños en la escalera del
éxito!
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a personas que usted sabe que lo necesitan.






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